martes, abril 05, 2016

Voto con RUC

Caviares y sus románticas huachaferías:

No tolero a los chibolos-pulpines-caviarones y sus románticas huachaferías para estar "in". Para mí, los caviares son personas que languidecen de  problemas reales, se angustian por alcanzar protagonismo, aspiran a ser héroes, muchas veces cuentan con un conocimiento básico pero se quieren disfrazar de intelectuales, la esclavitud por sus ideas intolerantes les tapan los ojos para poder ver el futuro, rechazan el pragmatismo; y, todo esto, lo envuelven en una traje de arrogancia insoportable. Me encanto lo que escribió Aldo Mariátegui y suscribo sus palabras plenamente (aquí). Conozco algunos majaderos que se resisten a votar por Keiko, solo por el hecho que se apellida Fujimori; y, entonces su alternativa es Mendoza (Barrnechea en algunos casos). 

Hace cinco años, cuando "Ollanta Humala - Polo Rojo" todavía era catalogado como la debacle del futuro peruano, escribí sobre sobre la ceguera caviar en segunda vuelta y pese a que nos gobernó "Ollanta Heredia- Polo Blanco" (aunque lavado con una media roja y se puso medio rosadito), hoy no puedo dejar de mostrar mi miedo por Veronika Mendoza. Es más, creo que de haber sido el caso, hubiera preferido votar por "Ollanta Humala - Polo Rojo" que por esta chiquita improvisada que no se sabe ni de dónde salió.

Verónika Mendoza y Alan García:

Mendoza dice tener 35 años. Osea, como dos menos que los que tenía Alan García Pérez en su primer (desastroso) gobierno, para muchos uno de los peores de nuestra historia republicana. Academicamente, parece no existir mucha diferencia: Para cuando fue elegido presidente por primera vez, Alan había estudiado en la Pontificia Universidad Católica del Perú y había obtenido el título de abogado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Contaba con el grado académico de Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y tenía estudios doctorales de sociología en la Universidad de París. Menos deslumbrante, aunque no despreciable en absoluto, es la realidad de Mendoza. Psicóloga por Universidad de París VII Denis Diderot, con estudios de maestría en Ciencias Sociales en la Universidad Sorbona Nueva - París 3 y un Máster en Educación de español como segunda lengua en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid.

La diferencia, desde el punto de vista académico, está en la vinculación de las profesiones de cada uno con la gestión pública y el gobierno de una nación. Sobre esto, no hay que ser genio para darse cuenta que los conocimientos del Alan de 1985 eran mucho más afines a la cosa pública que la Menoza de 2016. 

Pero además, el Alan de 1985 también supera a la Mendoza de 2016 en su experiencia como gobernante. Cuando Alan fue elegido presidente en su primer gobierno ya era un político de carrera, surgido de las canteras del APRA, muy cercano a un gran intelectual como Víctor Raúl Haya de la Torre, quien lo instruyó directamente. Había sido elegido diputado constituyente entre 1978-1979 y diputado entre 1980-1985. Por su parte Mendoza es congresista... y en este Congreso.

Hasta aquí, en el papel, el punto es claro: para ser presidente, el Alan de 1985 era mucho más prometedor que la Mendoza de 2016; y, su gobierno un desastre. Ergo, no solo hay que tener muy bajas expectativas respecto de lo que pueda lograr Mendoza en un posible gobierno. Hay que tener miedo.

Y si queremos seguir hablando de "papel", hay que revisar el Plan de Gobierno de Mendoza. Y sería entonces momento de asustarse mucho más. Dice que nació el 9 de diciembre de 1980, pero yo no le creo. Tengo la secreta teoría de que en realidad nació en 1939, pero fue congelada en 1975, cuando tenía la misma edad de hoy ¡Solo eso puede explicar de dónde salió! Creo que de pronto, abrió los ojos y se encontró en el 2016, y como su noción del mundo se quedó atrapada en el pasado, aún no entiende los errores conceptuales del modelo socialista que tanto pregona esta psicóloga y educadora (lástima que no estudió economía). Alguien, por favor, que le explique qué es la Perestroika. Cuéntenle que ya cayó el muro de Berlín; que el Comunismo, el Socialismo y el Estado de Bienestar fracasaron hace años; que Rusia y China no son lo que eran antes; y, que Cuba se quiere amistar con Estados Unidos. ¡Que alguien se lo diga por favor!... ¡que alguien nos salve!

Y si nadie le explica eso, que alguien se lo diga a toda esa manga de chibolos-pulpines ingenuamente manipulados. ¿Por qué todos nos tenemos que perjudicar, por la decisión de unos niños fácilmente engañados y confundidos, que creen que no lo están? Como me gustaría tener una máquina del tiempo y llevarlos al futuro: cuando ya trabajen, paguen impuestos y se enteren que con ese dinero el Estado solventa la vida de otros que no trabajan tanto... Ahí quiero ver a estos socialistoides bebedores de whisky.

¡Creo que ya tengo la solución!:

El voto es un derecho ciudadano. De acuerdo. Se dice que debe ser universal. Suena muy poético, muy lindo. Pero, a cambio ¿no debería contener algún tipo de obligación ciudadana? Si vamos a elegir a nuestros gobernantes y estos van a disponer de fondos públicos, ¿no tenemos derecho a fiscalizar que se hace con esos fondos o a qué se destinan? Es lógico entonces, que la obligación ciudadana a cambio del derecho ciudadano al voto, sea el pago de tributos. Así, solo quien declare y pague tributos tendría derecho a voto. En lugar de ir a votar con DNI, se debería ir a votar Registro Único de Contribuyentes (RUC). Y no cualquier tributo (no me refiero al IGV que se paga por comparar un chocolate), sino a los impuestos, ya sean nacionales o municipales que tengan que ser declarados o pagados en sumas relevantes (como el impuesto a la renta o los impuestos predial y arbitrios), según se trate de una elección de autoridades del gobierno central o local, respectivamente.

El artículo 31 de nuestra Constitución Política dice que "tienen derecho al voto los ciudadanos en goce de su capacidad civil" y que "para el ejercicio de este derecho se requiere estar inscrito en el registro correspondiente". ¡NADA MÁS! Yo re-formularía: "tienen derecho al voto los ciudadanos en goce de su capacidad civil, siempre y cuando se acredite el pago del íntegro de los impuestos nacionales o locales que correspondan, según el tipo de proceso electoral de que se trate y conforme a ley" y que "para el ejercicio de este derecho se requiere contar con Registro Único de Contribuyentes".


Así, los chibolos pueden hacer toda la campaña por redes sociales que deseen, salir a la calle y gritar, hacer todas las marchas que quieran y sentirse héroes por un día (como che-Guevara o Robin Hood); pero sin la capacidad de elegir gobernantes que destinen mis impuestos a fomentar la pobreza de mi país. Definitivamente, yo sí soy un contribuyente indignado (aquí).

miércoles, febrero 24, 2016

Reclamo de un Contribuyente Indignado



Era una mañana alegre de febrero cuando me acerque a la Municipalidad de Surquillo a pagar mis arbitrios. Habían subido los que corresponden a Serenazgo, pero con tal de sentirme más seguro en una ciudad donde la ronda paranoia, los pagué sin titubear, pero no sin antes discutir con algunos vecinos que se negaban a pagar. Salí del complejo municipal y decidí dar una caminata. Para hacer corta la historia, me asaltaron siete hobbits acriollados amantes de reggaetón. La fechoría se cometió entre dos casetas de Serenazgo. Una con un viejito que por seguridad propia prefirió "no ver" y otra, la más cercana a donde acudí para pedir auxilio, estaba vacía. Derrotado bajo la cabeza y meto las manos al bolsillo. ¡Encontré algo que no se habían llevado! ¿Qué era? Mi comprobante de pago por ser un buen contribuyente.



Todos los meses pago impuesto a la renta (me lo van descontando). Y todos los años en el mes de marzo hago mi declaración de impuesto a la renta. Esto ya implica un costo de tiempo y dinero. Necesito contratar un contador que no se deje engañar con la supuesta simplicidad del sistema informático de la Sunat que comete errores (curiosamente siempre en contra de mis intereses) y que me evite lidiar con la pésima asesoría que la codiciosa institución brinda a los usuarios. En una país donde la regla es in dubio pro-fisco (o sea, la duda favorece al fisco), los contribuyentes que sí nos atrevemos a pagar, la vemos verde. Este año en particular me toca apagar montos adicionales a los descuentos que ya venía sometido mes a mes.



Me peleo con amigos y conocidos que no quieren declarar y ortos que se rehúsan a pagar. Les explico -como intenté hacerlo con mi vecino surquillano- la importancia de pagar impuestos, pero no entienden razones. No les parece justo, simplemente. "Es mi plata. Yo me la gano trabajando. Por qué me la tiene que quitar el Estado", reclaman.



Hoy abro el Diario Oficial El Peruano y leo:



"Que, con fecha 17 de diciembre de 2015 se publicó en el Diario Oficial El Peruano, el Decreto Supremo N° 039-2015-SA, que aprobó el Reglamento de la Ley N° 30024, Ley que crea el Registro Nacional de Historias Clínicas Electrónicas;



Que, con fecha 13 de febrero del 2016 se publicó en el Diario Oficial El Peruano, el Decreto Supremo N° 008-2016-SA, que aprobó el Reglamento de la Ley N° 30024, Ley que crea el Registro Nacional de Historias Clínicas Electrónicas;



Que, en ese sentido, se advierte que existe duplicidad en la aprobación del mencionado reglamento, por lo que, resulta necesario dejar sin efecto el Decreto Supremo N° 008-2016-SA;

(...)

DECRETA:

Artículo 1.- Del Decreto Supremo N° 008-2016-SA

Déjese sin efecto el Decreto Supremo N° 008-2016-SA, que aprobó el Reglamento de la Ley N° 30024, Ley que crea el Registro Nacional de Historias Clínicas Electrónicas."



En automático pienso. "¿Para eso pago el impuesto a la renta? Con mi trabajo estoy sufragando los gastos de las ineficiencias públicas". En el mundo real, la eficiencia es lo que te mantiene compitiendo en los mercados. Pero la Administración Pública no forma parte del mundo real. Es un universo surrealista. Una especie de galaxia lejana en pleno planeta tierra donde la ineficiencia no se castiga, se premia.



Publicar en El Peruano un reglamento, requiere una sola acción: publicar. En este caso, para un solo reglamento se han producido tres publicaciones. Los costos se han triplicado. No me parece bien que mi pago por impuesto a la renta se tenga que destinar en hacer tres veces lo que se debe hacer una sola. Menos aún me parece tener que pagarle el sueldo a todos los ineptos y negligentes que permitieron que esto pasara. Y no me refiero solo al par de bestias descuidadas que firmaron la misma resolución dos veces con diferente numeración, sin percatarse de ello (lo que me hace pensar: ¿OLLANTA HUMALA TASSO -Presidente de la República- y  ANÍBAL VELÁSQUEZ VALDIVIA -Ministro de Salud- leen lo que firman?), sino también a toda la manga de funcionarios despistados que se supone deberían haber tenido en cuenta esto. ¿Nadie en el Ministerio de Salud o en el Despacho Presidencial, pudo recordar que hacía dos meses se había firmado el mismo reglamento? A todos estos responsables, como ciudadano que pago mis impuestos, ¡exijo se les sancione! 

Pero la torpeza no queda ahí. Para enmendar su error, no se tuvo mejor idea que publicar por tercera vez un Decreto Supremo (lógicamente suscrito por OLLANTA HUMALA TASSO -Presidente de la República- y  ANÍBAL VELÁSQUEZ VALDIVIA -Ministro de Salud-). Acaso nadie se puso a pensar en la sucesión de normas en el tiempo. Todos saben que una norma posterior reemplaza a la anterior. ¡Ya que se queden con el Decreto Supremo del 2016 y se tenga por derogado el del 2015! Si total "existe duplicidad en la aprobación del mencionado reglamento", como lo reconoce el propio Decreto Supremo Nº 009-2016-SA. Y por último, cualquier duda puede ser afinada vía jurisprudencial.



¡Uy, miren la hora! Tengo que dejar de escribir. Necesito salir volando a pagar mis impuestos...



En el camino leo en el kiosko el titular del Diario Gestión: "FALTA DE NORMA IMPIDE ABARATAR MEDICAMENTOS HASTA EN 40%". Y la bajada: "El Ministerio de Salud no da luz verde a reglamento para medicinas biológicas y biosimilares, pese a que hay un proyecto listo y discutido en Consejo Nacional de Salud". Defraudado de mis autoridades pienso "hace ocho años esta ley no tiene su reglamento publicado, pero en dos meses el mismo Ministerio publica la misma norma dos veces... efectivamente, esto es surrealista". Dejo de leer y me voy de ahí rápidamente porque distingo a lo lejos ciertos personajes con pinta hobbits acriollados y vienen escuchando reggaetón...

sábado, junio 27, 2015

Perspectivas

Terreno agreste, conflictuado, iracundo, intenso, desafiante. Así soy. Maraña de cerros arrugados que protegen, cual peones en un tablero de ajedrez, a su reina blanca que desde las alturas los gobierna. Plataformas naturales que son miradores y valles insospechados, asoman con el trazo brillante de algún glaciar derretido llamado río. Su primo es un lago turquesa de orillas color esmeralda. Así eres tu. Sol punzante sobre calaminas humildes. Casitas de barro para la foto de algún libro oficial que promueve el turismo. Coloridas polleras andinas para matizar. Así nos creen ver todos. Cada uno por su lado. Pero en la imagen no se aprecian las manos ásperas de tanto labrar los campos y los bien-surtidos andenes. Todo ese esfuerzo satisfactorio. La tierra se esconde debajo de las uñas y los pies, con surcos gruesos donde se acumula el barro seco, pasan desapercibidos. No todo es lo que parece ser. Sarita la vicuña es una mascota peculiar, pero no extraordinaria. Finalmente, todos tienen una. Así como una gallina pal caldo, un cuy para chactar y una vaca (Gloria) que merecidamente puede ser calificada como "lechera". Para comer? Queso, choclo, papita, camote y cancha. Mucha chicha de jora. El más hermoso pan recién alumbrado por tu horno de barro que fue alimentado con la fogosa leña de mi monte. Solo necesitamos dos candelabros más para alumbrar nuestras noches y un hermoso día siguiente que empieza a oscuras. Después de todo esto, papel y lápiz? Para qué? Si no se escribir y no lo necesito. Así ya estoy feliz. Gracias.

miércoles, diciembre 10, 2014

Crónica de un consejo a mi nieto

Ya pasaron 92 años desde que nací. Y hace dos días me visitó Emilio, mi primer bisnieto de 2 años. De solo verlo me da pereza pensar en todo lo que le falta aún por vivir. Su padre, mi nieto, Antonio tiene 25 y está felizmente casado con María Paz una buena chica que, como siempre, está en la cocina colaborando con las demás mujeres de la familia. Esperando que sirvieran el almuerzo, jugábamos ‘cachito’ y Antonio comentaba, babeante, las anecdóticas curiosidades del pequeño Emilio. Solo interrumpía sus historias con desafiantes frases altisonantes propias del juego. “¡PORTATE NEGRA… SACALAS TODAS! ¡AJA! CINCO ZAMBAS EN DOS… ¡JA! A ver pues hermanito supera esto”. Su euforia contrastaba con la frugalidad de Fernando, su hermano mayor que a sus 28 todavía le decíamos Fernandito. Fernando había fracasado en dos matrimonios y parecía no tener idea de cómo elegir a sus mujeres pues la noche anterior su novia de tres años y medio, lo había terminado. Y como si eso fuera poco, ahora el azar lo había puesto en la difícil situación de tener que conseguir, en escasos dos tiros, cinco ases, o someterse a las burlas del resto de nosotros.

Sin titubear y con la elegante habilidad aprendida de su padre, Fernandito introdujo los dados en el cubilete con la misma mano que lo sostenía. Lo agitó con dos firmes giros de muñeca. Golpeó la mesa una vez y escurrió con sutileza el viejo vaso de cuero marrón oscuro que había cosido mi padre muchos años atrás, para dejar rodar los dados sobre la mesa. Como por una especie de regla de compensación divina, todos los dados estuvieron de acuerdo. “¡OHHH CINCO ZAMBAS EN UNA! Buen comienzo hermanito, pero recuerda que empatador pierde”. “Tranquilo Toñito, todavía no ha llegado el día en que me ganes jugando 'Callao'…mira cómo ahora aparece 'el blanquito' que falta” y mientras escogía uno de los seis dados que habían aparecido en ese tiro limpio, para transformarlo en un as, sentenciaba “ya sabes lo que dicen: mala suerte en el amor, pero buena suerte en el juego”. “Es al revés hijo”, lo corrigió su padre. “Ya Sergio, déjalo al muchacho en paz… y tu huevón deja de hacer tanta pirueta y lanza los dados de una vez”, intervine justo antes que dejara rodar el único dado que podía darle dignidad, o en su defecto, terminar de enterrarlo. Para su suerte ocurrió lo primero. Pero los cinco ases de Fernandito, y su sentido de victoria se desvanecieron cuarenta y siete segundos más tarde cuando el llamado a la mesa retumbó en nuestros oídos y afectó nuestros estómagos. El juego había concluido y con él, su efímera ilusión de victoria.

Como todos los domingos por la tarde, hubo mucho vino y al finalizar, bebimos una tasa del café recién pasado por Anabelle, mi hija mayor. Alrededor de las 7:00 pm todos se habían ido, excepto Fernando. “¿Quieres tomar lonche Fernandito?”. “No abuelo, quiero conversar contigo”. Lo noté conturbado. “Dime…”, pregunté. “Es que veo a Toñito y a mi papá tan felices y me pregunto: por qué yo no puedo conseguir una buena mujer como ellos”. “¿Y ya les preguntaste cómo hicieron?” Repliqué. “Sí. Pero sus respuestas no me satisfacen. Mi papá me dice ‘en verdad nunca sabes cuál es la mujer con la que te debes casar’ y Toño ‘simplemente lo sabes… no puedo explicarlo, pero sientes algo que te hace entender que esa es la mujer con la que te debes casar’. El problema es que cómo puedo saber qué es ‘eso’ que se supone debería sentir. Yo creí sentirlo dos veces y me terminé divorciando en ambas. Anoche Lucía terminó conmigo y felizmente lo hizo porque yo ya tenía miedo…”. “¿Miedo de qué Fernandito?” le pregunté preocupado. “Miedo de que lo que sentía por ella. No sabía si era lo que se supone que debía sentir. Tal vez papá tenga razón: realmente uno nunca lo sabe. Y si es así, ¿me debí ‘arrojar a la piscina’ sin si quiera saber si es que tenía agua? No quiero estrellarme por tercera vez contra las losetas del fondo abuelo…

Mientras hablaba, sentía sus palabras. Casi podía ver el color de angustia en su voz, la incertidumbre de no saber qué le deparaba el futuro y la frustración de no haber alcanzado aún la felicidad que siempre añoró. Quise animarlo haciéndole notar que sus divorcios anteriores no debían marcar la pauta de su futuro. “Todos cometemos errores compadre”. Le cogí la mano con amor, traté de calmarlo, lo miré directamente y proseguí. “Pero eso no quiere decir que sea el fin del camino. Ni siquiera significa que así es como la gente te va a recordar. Por ejemplo, sabías que el primer director del FBI, J. Edgar Hoover, era homosexual y tenía la más grande colección de pornografía de la historia que incluían imágenes de Frank Sinatra, Tony Curtis, Burt Lancaster, Elvis Presley, Charlton Heston, entre otros. No solo para su placer personal, sino como una herramienta de chantaje. ¿Y sabes cómo la consiguió? Pues en operaciones en las cuales confiscó dicho material. ¿Y acaso alguien lo recuerda por eso? ¡No! Por el contrario, en el curso del río Colorado, en la frontera entre los estados de Arizona y Nevada ¡hay una presa gigante que lleva su nombre! Y que yo sepa, en la Presa Hoover no se exhiben fotos de Sinatra calato”. Fernandito sonrió. “Sí abuelo, pero yo he tratado de buscar a la persona ideal. Alguien con quien compartamos los mismos objetivos. Que tenga buenos sentimientos y que haga brotar lo mejor de mí, que me motive a ser mejor. Alguien con quien nos podamos admirar mutuamente. Una persona que pueda sostener una conversación interesante por horas sin aburrirnos y que cuando los silencios nos sorprendan, no sean incómodos. Alguien que me pueda entretener todos los días. Alguien con que podamos tener una saludable y satisfactoria vida sexual. Estas son las características que busco en las mujeres. Y en cada oportunidad, creí haberlas encontrado casi todas, pero al parecer no fue suficiente.” “Lo que tu dices es transcendental hijo. Esas características deben estar en la persona que te acompaña el resto de tu vida. Y yo le agregaría una más: que te gusten sus defectos. No me refiero a que se los celebres, pese a que te molestan. Sino que esas imperfecciones, que evidentemente prefieres que no las tuviera, no son un asunto que te afecten demasiado, como para causar problemas. Incluso algunas veces puedes encontrar ternura en su existencia. ¡Eso es importantísimo! porque cuando los defectos te disgustan al punto de odiarlos (que es lo normal) vas a exigir un cambio y eso genera fricción en la pareja. Pero si tu pareja sabe que tiene un defecto, que tu preferirías que no lo tuviere, intentará cambiarlo por que te quiere y sin que tu se lo demandes con demasiada fuerza. Y mientras eso ocurre, a ti te llegan hasta a agradar esos pequeños defectos. Así fue con tu abuela hasta el día que nos dejó. Por eso la amé tanto y por tanto tiempo. Ella amaba mis defectos y yo los fui corrigiendo con el tiempo. Y yo ame los suyos… Ah… ¡sus defectos!, tanto los físicos como los demás eran los más bellos defectos de todos. Nunca me molestaron tanto, ¿sabes? ¡Y eso! que tenía algunos tan horribles ¡que ni ella misma los aguantaba! Pero cuando brotaban de su ser, eran como estar frente a un mar picado: turbulento, desordenado y hasta desagradable; pero al final del día, mar. ¡Tremendo océano azul lleno de vida submarina, era tu abuela!”.

Entonces abuelo, ¿me estas diciendo que no he estado buscando bien, porque me concentré mucho en los defectos de mis parejas?”. “No Fer. Lo que te digo es que esas son las características que puedes buscar en una pareja ideal. Pero eso no lo es todo. Primero, tienes que ser capaz de identificar el amor sin confundirlo con la ilusión. Y luego debes decidir amar. Y si la persona cumple con todas las características de las que acabamos de hablar, lo demás cae por su propio peso”. “Pero ese es el gran problema abuelo. ¿Cómo puedo identificar el amor?”. “Es sencillo y complejo a la vez. Estar enamorado es descubrirse incompleto. Es sentirse insuficiente sin la otra persona. Así fue yo como descubrí que amaba a tu abuela hace ya más de 60 años. Hasta antes que lo descubriera, no me había sentido incompleto nunca y no lo sabía. Pero cuando lo noté, solo quería pasar horas con ella. Me desesperaba por ir a visitarla y tenerla cerca todo el tiempo. Si no había oportunidad en el día, buscaba un espacio para verla, aunque sea por diez minutos. Y cada vez que estaba con ella, la extrañaba porque sabía que era inminente que un pérfido ‘hasta luego’ nos alejara temporalmente. Así fue como supe que quería pasar el resto de mi vida con ella. Pero debes tener cuidado Fer. La ilusión es un lobo astuto que se disfraza con la piel de un cordero y una vez que te confías, ataca tu corazón y lo destruye con su inseparable aliada: la desilusión. Solamente si la ilusión vino acompañada del verdadero amor, los ataques de la ilusión no serán capaces de dañar tu corazón.

Un largo silencio ocupó la sala y nos ensordeció. Yo miraba los ojos vidriosos de mi nieto y no sabía qué más decirle, hasta que él mismo rompió en un sentido llanto, casi silente, que descubrí detrás de sus ojos fuertemente cerrados, sus dientes expuestos y su saliva incontrolada. Yo solo atine a abrazarlo con todas mis fuerzas. Él se acurrucó en mí y escondió su hocico en mi cuello. “¿Sobre la ilusión ya me haz contado antes no?” Dijo entre lágrimas y sonidos oscurecidos por el apretón contra mi cuerpo. “¿Lo recuerdas?” Respondí sorprendido. Entonces añadí, “eras muy pequeño entonces, no pensé que me habías escuchado”. Entonces, metió la mano en su bolsillo trasero, saco su gorda billetera llena de papeluchos y chucherías que la mayoría de personas, incluyéndome, tildaría de ‘basura’. “Fernandito, estamos a puertas del Siglo XXII y sigues utilizando una billetera y encima la llenas de papelitos. ¡Ni yo que nací en el Siglo XIX, por Dios que anticuado! Además, sabes que es un delito el uso indiscriminado de cuero y de papel, ¿no? Si un agente de la guardia nacional te lo encuentra, te puedes meter en un serio problema”. Y mientras me burlaba y lo incriminaba al mismo tiempo, él me interrumpió. “Ay abuelo, cómo se nota que dejaste de ejercer como abogado antes que cambiara la legislación. La billetera es una reliquia. De hecho era tuya, al igual que los papelitos…” Entonces, eligió uno que estaba esmeradamente doblado y particularmente amarillento y, al tiempo que lo abría le daba la estocada final a mi arrogancia “…felizmente decidiste dedicarte a tus propios negocios, porque como abogado no hubieras llegado a ganar tanto dinero… ja, ja, ja”. “Touché”, le contesté derrotado pero sonriente.

Cuando me entregó el papel, fue grande mi sorpresa al leerlo. Era lo que hacía muchos años yo mismo había escrito sobre la diferencia entre el amor y la ilusión. Lo había titulado “Del amor” (click aquí). “¿Tus guardas estos papeles en tu billetera? Pensé que se habían perdido”. “Son oro puro para mi, abuelo. Pero tus enseñanzas estaban incompletas hasta nuestra conversación de hoy”. “No digas eso Fer, que mi vejez me ha vuelto muy sensible. Me vas a hacer llorar.” Fernandito rió y añadió “ahora me toca a mí pues abuelo…” y ambos reímos juntos.

Bueno Fernandito, si crees en lo que está escrito en ese papel, puedes ser capaz de distinguir entre el verdadero amor y la ilusión. Y si lo consigues, debes ser suficientemente determinado para pasar a la segunda etapa en la cual vas a consolidar tu sentimiento. Debes tomar la decisión de amar. Porque el acto de amar no es un sentimiento, es una decisión. Un acto volitivo, no impulsivo.” No terminaba de decir esas palabras y mi nieto empezó a desdoblar otros dos papelitos más. Los puso juntos, uno al lado del otro, sobre la mesa de café. No podía distinguir lo que ellos decían así que me puse mis gafas y vislumbré lo que desde años atrás no había visto: “Del matrimonio” (click aquí) y “De la relación entre el amor y el matrimonio” (click aquí) se podía leer en los encabezados de cada uno de ambos textos. “¿Los recuerdas, abuelo?”. “”, balbuce emocionado. “Yo los escribí”, le dije. “Son las enseñanzas que dejaste para mí. Me han sido muy útiles. Pero como te acabo de comentar, solo acaban de tener sentido cuando los leo a la luz de lo que me cuentas hoy día. Dime abuelo, ¿crees que pueda encontrar a mi media naranja?”. “Lo que debes saber mi querido Fer, es que no existe eso de la ‘media naranja’. No es que haya una sola persona para ti en el mundo. Siempre puede haber alguien mejor. Pero si tú haz decidido amar a una persona, pues deber asumir ese compromiso y luchar pese a todo y contra todo. Ya si finalmente fracasas en el intento, no podrás echarle la culpa a nadie. Sencillamente esa no era la persona para ti y más bien era solo una laja más del camino que debes seguir transitando, y su rol en tu vida era enseñarte alguna lección que finalmente vas a poder aplicar cuando estés frente a tu último amor, pues no volverás a cometer los mismos errores.

Alce la mirada y otra vez descubrí a mi nieto sollozando. “Tiene tanto por aprender aún”, pensé. “Ya hijo... Llora todo lo que quieras. Cuando llegue el momento, cuando estés preparado, dejarás de hacerlo.” Le aconsejé. “Es que me apena muchísimo haber perdido a Lucía. Ella nunca me quiso…”. “Entonces…” le sugerí, “…no la haz perdido. No puedes perder lo que nunca tuviste. Si no tuviste su amor, no puedes perderlo.” Mi razonamiento sonaba lógico, y estaba seguro que el ‘pequeño’ Fer no podía rebatirlo. “Abuelo, me hubiera gustado no quererla nada. Pero no tengo control sobre mis sentimientos. Es cierto que no se puede perder lo que no se tiene, pero desde el momento en que ella invadió mi corazón y se apoderó de mi alma, ella fue quien me tuvo a mí. Tal vez no me quiso como su mayor posesión, pero sí fui suyo. Ella no lo quiso creer nunca. Pero estuve dispuesto a dejarlo todo por ella. Incluso, creo que en algún punto, sí me descubrí incompleto sin ella. Pero Lucía siempre quiso pensar lo peor de mi. No se por qué ni para qué. Lo único que sé ahora, es que cuando un invasor se retira, es el invadido quien lo pierde. Yo fui invadido por ella. Fue la invasora más cruel que tuve y pese a que nunca la llegue tener, cuando se fue, la perdí. Y sabes qué abuelo, todos los días agradeceré haber sido invadido y abandonado por esa mujer. Porque lo que me ha dejado su invasión, lo que me ha enseñado en términos de amor, vale más que el daño que me seguirá generando su partida.
Observé a Fernandito en sus ojos y pude ver reflejada su propia alma limpia y buena, pero ennegrecida por el dolor más miserable que podía existir. Y a mis 92 años, tuve que aceptar que mi pequeño nieto, también tenía algo nuevo que enseñarme.

sábado, septiembre 07, 2013

Perú-Uruguay: LA FIFA NO VENDE LO QUE PRODUCE, PRODUCE LO QUE SE VENDE

Ayer fui al estadio. Semejante frustración. No. En realidad, frustración la del partido. No, No... el partido, no. Frustración con los intereses ocultos de la FIFA y su manifestación en un arbitraje claramente tendencioso y determinante en un resultado favorable para Uruguay.

Algo muy parecido posteé esta mañana en mi muro de FB y mi buen amigo Juan Carlos Balbuena, siempre provocador e inteligente, me allanó “O sea, ¿la FIFA direcciona el tema? ¿Realmente esto es verdad? Siempre lo escucho de mis amigos y la gente en general. O sea, que esta gente de la FIFA se reúne tipo en una salita como la del SIN y dicen tu árbitro favorece a ‘tal’ o a ‘cual’. ¿Así es como funciona?”. Su comentario fue suficiente para permitirme escribir este post.

Supongo, que lo que comenta Juan Carlos, debe ser más o menos como funciona. Palabras más, palabras menos, con mayor o menor sutileza. Pero hay hechos objetivos q son innegables. No tengo pruebas. Evidentemente, acreditar eso tipo de estratagema es casi imposible. Pero encuentro algunos indicios que me hacen dudar de la inocencia de esta organización “sin fines de lucro” que tiene más peso que muchos grandes superpotencias mundiales:
 
1. Perú o Venezuela (hasta ayer rivales directos de Uruguay en el último cupo disponible para luchar un repechaje para el Mundial Brasil 2014) no tienen mucha convocatoria en un mundial. Somos equipos francamente minúsculos. Ninguno de los dos es un equipo mundialista. Venezuela nunca fue a uno y el haber tenido presencia en 4 mundiales de los 19 disputados, no nos convierte en un país de mundiales (dejemos de seguir engañándonos con el mundial del 70, ya es patético). Asumo que se deben cotizar mejor las entradas y los derechos televisivos de un Brasil Vs. Uruguay o de un Uruguay Vs. Alemania (donde las chances puedes ser más parejas y los montos de las apuestas más suculentos), que los de un Perú Vs. Italia o un Perú Vs. Inglaterra (típicos partidos de “mero trámite” en la primera fase). Tal vez se vendan más camisetas de Brasil, Uruguay o Argentina que de Perú o Venezuela.
 
2. existen negocios paralelos que les conviene Brasil y no Perú. Quienes se dedican a las apuestas o quienes venden camisetas, por ejemplo. ¿Estos conversarán con la FIFA?
 
3. Son sistemáticos los "errores" arbitrales contra los equipos chicos que tienen alguna posibilidad de clasificar a un mundial.
 
4. Mientras que un mundial sin Brasil, no es mundial y lo hace menos atractivo, un mundial sin Perú es lo usual.  ¿A la FIFA qué le interesa más? ¿Que vaya Brasil o que vaya Perú?
 
5. El fútbol no es un deporte que da dinero. Es un NEGOCIO (probablemente el que ofrece el producto más bello del mundo) que se dedica a la presentación de vende espectáculos públicos deportivos para el goce de sus consumidores.
 
6. A algunos les parecerá “asqueroso” que alguien en la FIFA llame a un árbitro y le diga “dale una manita a Uruguay, Brasil o Argentina, porque tienen que pasar”. Sin embargo, no hay que perder de vista que, los árbitros también están trabajando (arbitrar no es su pasatiempo) y en cada partido, se juegan sus pases para arbitrar en un mundial. La FIFA los elige por su desempeño. Y Así como un jefe premia a sus trabajadores por incrementar la producción de la empresa, la FIFA ¿podría estar haciendo lo propio?
 
Podemos creer que en realidad, los árbitros se equivocan y que los equipos chicos siempre tienen mala suerte. Seguramente, pero cuando los errores son flagrantes (como los de ayer… o como los que salvaron a Argentina en las clasificatorias para el mundial anterior… o como los que ayudaron a Brasil en cada mundial en los que tuvieron algún traspié en la primera o segunda ronda… etc.), la duda crece. Y la interrogante se intensifica aún más cuando la propia FIFA se niega a utilizar la repetición inmediata en cada partido para analizar si es que el árbitro debe anular un gol porque se produjo off-side, cuando la tecnología bien lo permite. Pero ningún rechazo a la tecnología existe cuando se trata de utilizar ese auricular u micrófono que, sabe Dios para qué lo necesita el árbitro durante el partido ¿qué cosa le estarán “soplando por ahí”?
 
Insisto, no tengo pruebas y probablemente nunca las pueda tener. Pero me parece que estoy viendo un cadáver lleno de forados en el pecho, a su lado una persona con cara de euforia, cogiendo un arma que está humeando y con la camisa ensangrentada. Cuando me ve el sujeto sale corriendo. No me consta que el sospechoso lo haya matado, pero creo tener algunos indicios.
 
Dejémonos de cosas ya. No se puede tapar el sol con un dedo. Los romanticismos en el fútbol hace años que no existen. Futbolistas y árbitros son la mano de obra indispensable para un monopolista a nivel mundial del servicio de espectáculos futbolísticos. Este único proveedor se llama FIFA y responde a los intereses de sus clientes que son los hinchas. Y para que el negocio siga rindiendo sus frutos, hay que satisfacer a la mayor cantidad posible de ellos. Y es evidente que en el mundo existen más seguidores de Uruguay, Brasil o Argentina, que de Perú o Venezuela...
 
Si los competidores se juntan (en secreto) para negociar acuerdos sobre precios o repartición de mercados, porqué un único “competidor” puede decidir como se debe mover el mercado. Si para sus acuerdos ilegales, los competidores se encuentran en eventos deportivos, teatros, reuniones de padres de familia del colegio de sus hijos, para no levantar sospechas… porque no pensar que la FIFA llama a SUS árbitros (porque son SUYOS) y les dice lo que deben hacer.
 
La FIFA, como buen empresario sabe que UNO NO VENDE LO Que PRODUCE...UNO PRODUCE LO QUE SE VENDE. Y en el fútbol vende Uruguay, por lo tanto no le conviene producir Perú.
 

domingo, marzo 10, 2013

¿Dónde están los gatos?



Dos veces al día, mis papis me sacan al parque. Marco mi territorio en los mismos árboles y en los márgenes de las veredas que rodean al jardín. Paseo un rato, olfateo frenéticamente, sigo rastros, defeco donde el olor me lo indica y sigo paseando. De vez en cuando, me encuentro con mis amigos. Uno de ellos es Ringo. Un galgo marrón, saltarín y juguetón que siempre anda suelto y acude al llamado de su dueño cuando se distancia mucho de él. Cuando lo diviso a lo lejos me pongo sobre mis dos patas para poder verlo mejor. Él es siempre el que se me acerca. Como yo estoy con mi correa no puedo alejarme mucho de mis papis. Pero cuando Ringo me ve, no pasan ni cinco segundos antes que sus veloces patas alargadas logren cruzar el inmenso parque que nos separa. Llega junto a mí, da brincos y corre alrededor mío. Me encanta su energía. Y aunque intentar alcanzarlo es una tarea imposible y agotadora, me pone muy feliz verlo.
 
Lo primero que me dice cuando llego es “¡vamos a jugar!, ¡vamos a jugar!” siempre agitado, indeciso y ansioso. “¿Me persigues?, ¿yo te persigo?...anda ¡diles que te suelten para ir a jugar!”. Pero ayer sábado en la tarde lo primero que me dijo fue “¿y ya viste al gato?”. Mi lengua se escondió en mi boca cerrada. No quería que se diera cuenta que todavía no sigo sin saber qué cosa es un gato. “Eh…sí”, le respondí inseguro y suplicando que no me hiciera más preguntas. La última vez que nos habíamos visto, Ringo me comentó que en la tienda del señor Augusto hay un gato blanco que siempre custodia los sacos donde se almacena la comida balanceada que nuestros papis nos compran. “Es un felino despreciable”, me dijo. “Esos pobres remedos de tigre son lo único que me ponen de malas”. No quise que Ringo descubriera que persistía en mi añeja ignorancia, porque cuando alguna vez, le pregunté con ingenuidad “¿qué cosa era un gato?” se puso patas arriba y se revolcó en el jardín del parque con su larga lengua escapándose relajadamente por un costado de su hocico, riéndose de mí y gritando “que gracioso eres Mojito…” me decía, como si hubiera hecho una broma adrede.
 
En la veterinaria, encerrado en un canil contiguo al mío, mi amigo Lucas (que como yo, también es un westie) me dijo lo mismo mientras esperábamos que nos cortaran el pelo. “Los gatos son cínicos, antipáticos, desleales, calculadores e inescrupulosos”. Como no conocía ninguna de esas palabras (que sonaban muy feas) preferí no opinar y evitar así la misma vergüenza que pasé con Ringo en el parque. Solo atiné a decir, “eh…sí”.
 
Esta mañana, volví a salir al parque. Y por segunda vez escuché algo que me preocupó mucho. “Mira un gatito”, dijo una chica. Yo le gruñí, pero antes que pudiera acercarme a pedirle explicaciones por el insulto, mi papi me jaló de la correa y me advirtió guardar la compostura. Mientras nos alejábamos, mezclaba en mis entrañas un cóctel de sentimientos. Me sentía humillado, molesto, indignado, pero también confundido, y sobre todo, preocupado. No era la primera vez que alguien me decía yo que era un “gato”. Anteriormente, una niña me había dicho algo parecido, cuando dirigiéndose a su mamá le dijo “mira un gato”. A veces, mi papi me dice Snarf y una vez viendo la televisión juntos descubrí que Snarf es el personaje de unos dibujos animados. Entonces mi papi me dijo "mira Mojito, un gato", y yo gire mi cabeza un poco de lado para observar. (también me dice "Lourdes", no se si existe un gato con ese nombre).

Yo siempre creí que era perro. Pero a veces, cuando suceden estas cosas, me pregunto, "¿acaso seré un gato?" Luego recuerdo a mi mami diciéndome “eres el perrito que siempre quise tener”. Entonces, vuelvo a estar seguro: "¡yo soy un perro!".  Además, si fuera un gato, Ringo y Lucas no quisieran ni hablarme y tal vez me perseguirían para atacarme, pues según me cuentan, eso es lo que hacen con los gatos. Así, reafirmo mi identidad canina.
 
¿Cuál será el gato del señor Augusto? Nunca lo he visto. Solo recuerdo que una vez que mi papi estaba comprando una bolsa de pan, sentí que algo blanco y peludo se me abalanzó sobre la espalda. Mi papi me jaló la correa y lo que aterrizaba cayó al suelo e inmediatamente después salió disparado por la puerta hacia la calle. Nunca lo llegué a ver bien, pero supongo que debió ser gato ese del que me contó Ringo.
 
Todavía soy joven (a penas tengo un año) y seguramente ya aprenderé qué son los gatos. Por ahora solo conozco (y me gustan) los perros. Cada vez que veo uno, me pongo sonriente y siempre me quiero acercar para jugar moviendo la cola. Algunas veces, mi papi no deja que me acerque a ciertos perros que, como yo, también tiene las orejitas paradas. No sé por qué me lo impide. Debo reconocer que estos perros tienen un comportamiento extraño y no son tan juguetones como los demás que conozco del parque. Cuando me ven, no mueven la cola ni tampoco tienen la intención de venir. Al contrario, se quedan muy quietos. Me miran fijamente, como estando alertas y su postura va cambiando conforme más me aproximo: sus espaldas se doblan, sus colas apuntan hacia el cielo, pareciera que se pararan sobre las puntas de sus patas y sus pelos se erizan. Cuando es de noche, sus ojos brillan. Pero lo más extraño, es que no huelen como los demás perros.
 
Mientras esa metamorfosis se presenta frente a mí, mi cabeza se tuerce un poco de lado al verlos y con mucha curiosidad –siempre sonriente- me sigo acercando e intentando invitarlos a jugar con mi cola que parece un limpiaparabrisas. Pero mi papi me jala de la correa y tengo que alejarme. Entonces, camino en la dirección opuesta del extraño perro, pero sin dejar de mirarlo con intriga. Creo que tal vez ellos tengan la respuesta. Así que apenas pueda, me acercaré a estos perros raros para preguntarles. De repente ellos puedan decirme ¿dónde están los gatos?

viernes, agosto 31, 2012

Santa Rosita de Lima… ruega por nosotros: un diccionario popular

Ayer me subí una coaster de dos puertas. Es como una combi pero más grande. En el Perú tanto la combi, como la coaster son  herramientas de trabajo popular que circulan por las calles urbanas con el objeto de maltratar a su carga (conformada mayoritariamente por pasajeros y bultos), se rige por sus propias reglas de tránsito (que casi nunca coinciden con las oficiales) y son fuente de inspiración una y de mil y un anécdotas que en su conjunto dan forma a la llamada “cultura combi”. 

Subí por la puerta de bajada (como suele obligar el destartalado vejestorio) luego de haber trotado a paso ligero hasta la mitad de la cuadra (50 metros pasado el paradero) porque ahí se detuvo, con ágil y temeraria maniobra, el conductor que, dribliando baches y viejecitas con bastón, se hizo notar con el respetable rechinar de sus llantas desgastadas.

Cuando quise bajar, tuve que seguir el protocolo estandarizado en el negocio del transporte urbano limeño, para lo cual el cliente debe informar su deseo al cobrador con un “esquina baja”. Así de básico. Sin usar la preposición “en”, el artículo “la” o la expresión “por favor”. Másd que nada porque ninguna de estas tres cosas son entendidas por el cobrador quien en un arranque de confusión salvaje puede pasarse de largo el paradero deseado en perjuicio del pasajero.

Ser cobrador es un oficio extraño que solo conozco de su existencia en el Perú. No se requiere haber estudiado (nada), pues el conocimiento empírico basta. Leer y escribir tampoco es imperativo. Por lo general, se exigen tres requisitos mínimos para poder dedicarse a este necesarísimo trabajo (no entiendo cómo hacen en otros países sin su existencia): (1) muy mala educación, (2) habilidad matemática para dar el vuelto con algunos centavos de pérdida para el pasajero, y (3) un intenso gusto por la salsa y la chicha (que ahora los marketeros han renovado con el nombre de cumbia peruana). A veces, se exige un cuarto requisito: tiempo libre que deja su carrera de asaltante o malhechor de poca monta.

Como es costumbre, el cobrador me informó que la bajada sería por la puerta en cuya parte superior hay un sticker con letras rojas que emulando manchas de sangre dice “SUBIDA”. Rápidamente, y a tropezones, intenté atravesar la maraña de gente que cuelga de un tubo que atraviesa en forma longitudinal en el interior vehículo, que como su esófago guía el rumbo de los pasajeros que obedecen las “amables” instrucciones del cobrador que con “gentil delicadeza” los conmina a introducirse en las entrañas más profundas del hediondo vehículo con un “al fondo hay sitio pues… ¡Escolar!, colabora que estoy trabajando, si no te bajas”.

Cuando llegué, y luego de tantear mis bolsillos para revisar si alguien me había hurtado la billetera o el celular, vi a través de los vidrios de la puerta trasera que la esquina donde suele dejarme “el carro” (qasí se le conoce en el argot "comístico": "el carro") pasaba de largo. Recriminé de un extremo a otro al cobrador y me respondió “solo en el  paradero, señor”. Esto me sorprendió pues no sabía que esa esquina donde siempre me obligan a bajar con un “aproveche los que bajan”, no era un paradero. Pero lo que más me sorprendió fue que ¡respetaran los paraderos!

La justificación del cobrador vino de inmediato. “Hoy es día de Santa Rosa de Lima…”. Cuando comenzaba a sentir cierta satisfacción porque pensé que estaba presenciando otro milagro de la “Patrona de la Américas”, el cobrador continuó hablando “los tombos están al asecho de su tajada”.

Con el nombre de tombo se le conoce al personaje nacional que se caracteriza por detener vehículos particulares con cualquier excusa mínima para poder beneficiarse de una “coima” o “mordida” (frutos ilétimos que no representan mayor esfuerzo post-cobranza para el beneficiario), mientras ven pasar ante sus ojos miles de infractores a las reglas tránsito, a la seguridad vehicular y al medio ambiente, sin tomarse la molestia de levantar una papeleta (o sanción), pues eso implicaría mucho papeleo y trabajo administrativo posterior. Algunos, también designan a los “tombos” con el nombre de “policía”.

En el Perú, pública y oficialmente se comenta que “no todos los policías son iguales y que lastimosamente por una minoría toda la institución se ha visto desacreditada”. Personalmente, confieso que yo he de haber tenido muy mala suerte porque siempre me he topado con esa minoría, y más bien, nunca conocí a un tombo que forme parte de esa mayoría (que ya no se si es ficticia o real)… Aunque si el discurso oficial dice que esa mayoría existe, pues entonces, ¡existe!

Al bajarme advertí que un patrullero estaba deteniendo a un micro (entiéndase: combi gigante) por haberse detenido en la esquina donde yo me quería bajar.

Cuando llegue a casa, entre a mi facebook y publique: Santa Rosita de Lima… ruega por nosotros… y muchos pusieron “Me Gusta”, pero nadie supo porqué lo publiqué, hasta ahora…

domingo, agosto 19, 2012

El lujo de la salud (seguros que no aseguran y coberturas que no cubren: ¡gracias clínica!)

(…beeeep… beeeep… beeeep…) Abro los ojos. A veinte centímetros de mi rostro, un techo... ¿una tapa? No hablo. No puedo. Estoy impactado. Me siento encerrado. ¿Me enterraron vivo? ¡MIERDA! ¡ME ENTERRARON VIVO! Escucho en off mi voz dentro de mi cabeza… “¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?” No me puedo sentar porque no tengo espacio. “Me pica la nariz… ¿qué pasa? No me puedo rascar. Mis manos están sujetas a los lados, junto a mis piernas.” (…beeeep… beeeep… beeeep…). Las toco. “Sí, sí, aquí están”. Me cuesta trabajo levantar la cabeza para aguaitar. Lo consigo… pero no logro ver más allá de mis muslos cubiertos con una manta de felpa guinda (…beeeep… beeeep… beeeep…)  ¿Qué suena? ¿Dónde estoy? ¿Habré sufrido un accidente? Mi corazón se agita (…beeeep… beeeep… beeeep…). Me pongo ansioso y justo antes de intentar escapar como lo hizo Beatrix Kiddo interpretado por Uma Thurman en Kill Bill, tuerzo el cuello hacia arriba y descubro que está abierto y afuera hay otras máquinas. Transcurridos los treinta segundos más largos de mi vida, lo recordé todo. “Y pensar que tuve que pagar S/. 181,00 para ‘sufrir’ durante esta resonancia magnética”, que había sido ordenada por el médico en una segunda consulta de S/. 75,00.

Un lúgubre y frío salón. Una vieja silla solicitaría rodeada por una cortina que gira en forma circular, muy pegadita a ella. “Entre ahí y quítese la ropa”. La última vez que me habían ordenado eso, estaba en un consultorio luminoso y me solicitaron echarme, boca abajo, en una camilla justo antes que el médico me bajara la trusa (ese fue el término que utilizó ‘trusa’). En aquella oportunidad, me sentí asustado y solo atiné a cerrar los ojos y confiar en el profesionalismo del médico. Si había costado S/. 75,00 aquella primera consulta y confié en que no debía preocuparme demasiado. “Es correcto, tiene una cadera más alta que la otra… una de sus piernas es más larga. Ese es el producto de su escoliosis. Vamos a hacerte una radiografía, para ver la separación de vértebras y de ser así, una resonancia para descartar hernias. Va a tener que ayunar por 24 horas y tomar purgantes”. Por eso, en esta oportunidad, le hice caso al técnico de radiología, y un poco más confiado que la vez anterior, me desvestí haciendo malabares en ese pequeño espacio. “No es necesario que se quite las medias y el calzoncillo”, me dijo el técnico. Afortunadamente, no traía ropa interior con huecos. La silla solo me sirvió para hacer más difícil la tarea y para dejar colgada mi ropa. Cuando terminé la difícil labor de quitarme la ropa, me quedé ahí parado, semidesnudo, con frío y mucha, pero mucha, hambre, mientras el técnico se seguía peleando con la inmensa máquina de color verde (eso parecía, que se pelaba).

Por aquí señor, de pie, póngase derecho. No así no, derecho. No se tuerza para un lado señor. Párese derecho, por favor”.Amigo”, lo interrumpí, “justamente para eso es la radiografía: porque tengo una pierna más larga que la otra y no puedo pararme derecho”. “Ah. Ok”. Se siente huevón. Me colocó en una posición de contorsionista semi-profesional y cuando estuve a punto de caerme, intempestivamente se alejó a paso ligero gritando “No se mueva, no se mueva, no respire, no respire…· (Kron, Kron). ¡Listo! Esa fue primera toma. Faltaban tres más complejas: posición Nº 2 de contorsionista profesional “No se mueva, no se mueva, no respire, no respire…” (Kron, Kron); posición Nº 3 de contorsionista profesional avanzado “No se mueva, no se mueva, no respire, no respire…” (Kron, Kron); y, posición Nº 4 de contorsionista experto “No se mueva, no se mueva, no respire, no respire…” (Kron, Kron)... “Y pensar que tuve que pagar S/. 81,70 para ‘sufrir’ durante la toma de estas radiografías”.

Usted no tiene nada señor Lindley. Puede ir en paz”. Estuve a punto de responderle al médico en esa tercera consulta de S/. 75,00demos gracias a Dios”, pero casi hubiera preferido que me detectaran algún mal, pues haber entregado S/. 487,70 (sin contar las muy onerosas terapias) de mi dinero para que me digan que si no hubiera ido a la clínica, no hubiese habido diferencias… es hasta un poco frustrante.

Todos me dicen: “y agradece que estabas asegurado. Imagínate si no cuánto te hubiera costado”. Yo siempre respondo que, en realidad, estoy obligado a tener un seguro por el modo como se ha estructurado el mercado hoy en día (por lo menos en el Perú). Si no existieran los seguros los precios no estarían inflados y lo que se cobraría por los servicios médicos sería casi igual a lo que pago hoy en día con un seguro. Me explico. La clínica sabe que el cliente (porque no es “paciente” sino “cliente”) está dispuesto a pagar S/. 75,00 por consulta. Entonces, aumenta el precio de sus servicios para que el excedente lo pague el seguro y el consumidor siga pagando S/. 75,00. La clínica sabe que para una radiografía el cliente pagará hasta S/. 81,70. Repite la estrategia: sube el precio para que lo que le corresponda pagar al cliente (en este caso 25%) sea S/. 81,70. La resonancia magnética, igual S/. 181,00 es el 25% del precio inflado.

Y claro, nadie se puede hacer un examen sin previa indicación del médico, que en cada consulta le cobra al cliente S/. 75,00. Para evitar que te lleves las instrucciones del examen a otras clínicas más baratas, estas se quedan con ellos y pasan directamente del consultorio a radiología, laboratorio, etc.

Y cada vez que paso mi tarjeta por el POS de la clínica, limpio las pequeñas gotas de sangre que chorrean de ella y me pregunto con indignación ¿para qué pago S/. 89,03 al mes por un seguro que no me asegura, con coberturas que no me cubren? No hay vuelta que darle, en el Perú, la salud es un lujo… y un lujo es el de las clínicas que se llenan los bolsillos con el dinero de los enfermos y de los seguros, quienes a su vez, se financian con el dinero de los asegurados, es decir, de los propios enfermos. ¿Hay algo que no está bien, no?